Lo Mejor Del 2015: Denise Nader, “The Martian”

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Mark Watney, cosplayer de BB8.

Armé mi lista de “Lo mejor del 2015” con orgullo por la elegancia y variedad de los ítems, pero la desarmé cuando di cuenta de que una obra sobresalía con marcada diferencia sobre las otras por razones que van más allá de la apreciación estética: The Martian.

En esta película, la barrera entre la ciencia ficción dura y el público no iniciado en el género desaparece: es, antes que nada, una historia profundamente humana, capaz de enganchar a personas de 17 años o de 70 a quienes la especulación científica nunca les llegó a interesar mayormente. Mi sobrina la vio dos veces: en ambas ocasiones se emocionó hasta las lágrimas (no me bloquees, Danielita). Sin embargo, fue cuando llevé a mis padres al cine que comprendí el alcance de la historia creada por Andy Weir. En resumen: el astronauta Mark Watney es abandonado en Marte por sus compañeros de la misión Ares III luego de que estos huyeran de una tormenta que amenazaba con dejarlos a la deriva y creyeran que Watney había muerto atravesado por una antena. Pero Watney, ingeniero mecánico y botánico, no había muerto ni estaba dispuesto a morir. Calculó que, administrando bien los recursos disponibles y generando nuevos, podría sobrevivir 4 años hasta que llegara la siguiente misión. Watney enfrenta cada día y cada problema con ingenio, valentía, lucidez y mucho humor. Por esos rasgos, además de su experiencia, la NASA lo eligió para formar parte de la Ares III durante el año y medio que duraba la misión: era el alma del grupo, y aunque al inicio se encontrara solo en el suelo marciano, pronto logra establecer contacto con la Tierra. Su supervivencia habría sido imposible sin el colectivo de mentes, manos y corazones que lo guiaron y acompañaron a través del espacio. Él lo sabe y es consecuente con eso: el deseo de regresar junto a sus amigos y familia lo sostiene durante los interminables días y kilómetros que lo separaban de este punto azul pálido.

Andy Weir no solo escribió una magnífica novela de ciencia ficción, sino la epopeya de un hombre que nunca pierde la fe en sí mismo y en los demás. Watney es cualquiera de nosotros, con nuestras luchas, afectos, fragilidades y miedos. En él vi reflejado a mi madre quien, desde su asiento en el cine, animaba en silencio a un cansado astronauta que contemplaba el paisaje más rojo, solitario y majestuoso que ha visto jamás: “si tú puedes, yo puedo”.

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