El Traductor Del Dalai Lama Se Ríe Dos Veces

El Dalai Lama con Thupten Jinpa, uno de sus traductores. (Crédito de imagen: Christopher Michel, https://www.flickr.com/photos/cmichel67/8091510095/)

El Dalai Lama con Thupten Jinpa, uno de sus traductores. (Crédito de imagen: Christopher Michel)

Confiésalo: si te dicen que un evento contará con “traducción simultánea”, en el mejor de los casos piensas en los doblajes al español y “te da calosfríos en todo el cuerpo”, como les pasó a las ficticias supervivientes del ataque de la ballena asesina, Fátima y Jimena, las jóvenes mexicanas que se hicieron famosas cuando su parodia del acento neutro de los documentales se volvió viral.

En el 2013, mi hermana y yo fuimos a ver al Dalai Lama a Nueva York. Estar en presencia del Dalai Lama ya es lo suficientemente abrumador como para que quepa en ti cualquier otra emoción simultánea, pero hubo espacio para la sorpresa: no esperábamos encontrarnos con un intérprete como el que vimos. El Dalai Lama hablaba por diez, quince minutos de física cuántica, vacuidad, conceptos filosóficos orientales y occidentales, teoría budista, mientras Thupten Jinpa traducía todo sin tomar notas. Todo. En tramos de hasta quince minutos, sin parar.

La dificultad de las traducciones simultáneas del tibetano al inglés no reside solo en el tiempo que dura el monólogo ni en su contenido, sino en el idioma mismo: en una entrevista que le hizo el Huffington Post a Tenzin Dorjee, otro intérprete del Dalai Lama, éste explica que “a diferencia del inglés, el tibetano sigue un orden sujeto-objeto-verbo. Con los verbos al final de las oraciones, los intérpretes simultáneos deben pensar en dos idiomas al mismo tiempo, recordando una frase hablada con anterioridad mientras esperan el verbo para completar el pensamiento”.

Jinpa es monje budista, Doctor en Estudios Religiosos y profesor universitario de epistemología budista, metafísica, filosofía del Camino Medio y psicología budista. Ha editado más de diez libros del Dalai Lama. Sin embargo, no fueron su currículum o su destreza lo que nos llamó la atención a mi hermana y a mí. El primer día apunté en mi libreta: “El traductor del Dalai se ríe dos veces: cuando oye el chiste y cuando lo traduce.” Si Thupten Jinpa se extendía en una definición, el Dalai Lama bromeaba: “esa explicación ya está muy larga, está tomando demasiado tiempo”. Se reían juntos. Había amistad. Pero había algo más, algo que estaba fuera del texto: en Jinpa había devoción hacia el Dalai Lama, hacia sus enseñanzas y las del budismo. Y resultaba evidente que esa devoción era lo que lo motivaba a estar allí. Es extraño de explicar, pero fue una certeza inmediata. Mucha gente, a la hora del break y en redes sociales durante el streaming, preguntaba: “¿quién es el intérprete de Su Santidad?”

Pero eso de la devoción suena medio elusivo…

Hay una obra seminal del budismo zen occidental llamada Zen Mind, Beginner’s Mind. Su autor es Suzuki-Roshi. En el prólogo, Richard Baker, el heredero del maestro Roshi, celebra el trabajo de la editora del texto, Trudy Dixon, una discípula cercana de Suzuki-Roshi: “No es una tarea fácil editar este tipo de libros, y explicar por qué ayudará al lector a comprender el libro mejor. Suzuki-Roshi toma el camino más difícil pero persuasivo para hablar sobre el budismo en los términos de las condiciones ordinarias de la vida de las personas para tratar de transmitir la totalidad de la enseñanza en declaraciones tan simples como ‘tomar una taza de té’. El editor tiene que ser consciente de las implicaciones detrás de estas declaraciones con el fin de no eliminar, en aras de la claridad o la gramática, el significado real de las conferencias. También, sin conocer a Suzuki-Roshi ni tener la experiencia de trabajar con él, es fácil eliminar durante la edición el entendimiento de fondo que aporta el conocer su personalidad o energía o voluntad. Y también es fácil eliminar del texto la mente más profunda del lector que necesita la repetición, la lógica de apariencia poco clara y la poesía, con el fin de conocerse a sí misma. Los pasajes que parecen oscuros u obvios a menudo resultan iluminadores cuando se leen con cuidado, preguntándose por qué este hombre diría tal cosa. La edición se complica aún más por el hecho de que el inglés es profundamente dualista en sus supuestos básicos y no ha tenido la oportunidad de desarrollar durante siglos una forma de expresar las ideas budistas no dualistas, como sí la tuvo la lengua japonesa”.

Uno lee eso y no puede dejar de sentirse como Alicia a través del espejo. Del “otro lado” están las mismas cosas, los mismos oficios, hay monjes, maestros, editoras, pero no son como los nuestros. Pensamos “¿qué nos falta para ser así?”. Pero no nos falta nada. Todo lo contrario: nos sobra ego.

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