Babylon 5: Sleeping in Light

Sheridan_and_Delenn

Sheridan y Delenn. Permiso para llorar, Capitán.

Cuando terminé de ver Babylon 5 por primera vez, esperé a la última letra de los créditos y, aún moqueando, busqué la caja de la primera temporada y empecé a verla de nuevo. Esa es la medida de mi obsesión y de la genialidad de Babylon 5. En momentos de fanatismo delirante he llegado a convencerme (y a tratar de convencer a mis preocupados amigos) de que el futuro de la humanidad será exactamente igual al de la serie. Y todo se debe al final. En serio.

En los recaps de The A.V. Club, Rowan Kaiser se pregunta: Is this the best series finale ever?” Y aunque la pregunta sea retórica, la respuesta es: ¡CLARO QUE SÍ, ROWAN! Ni siquiera voy a concederle el honor de un empate a Breaking Bad o Six Feet Under o The Wire o lo que sea que mis colegas alvaretinos propongan: Sleeping in light (el lirismo del nombre ya es prueba suficiente) es el mejor final de todas las series jamás creadas, ciencia ficción o no.

¿Qué hace que un final sea apoteósico, triste y hermoso como el de la obra maestra del creador J.M. Straczynski? Son muchísimas cosas que tienen que ver con aquella historia en particular, pero también, con la estructura del universo narrativo. El fuerte de Babylon 5 es que fue planeada como una novela de cinco tomos. Era la primera vez que se hacía algo así para la televisión. Sleeping in light no es el final de una serie, sino de una historia que el autor siempre supo hacia dónde iba. El círculo se cierra en la vida de unos personajes a los que hemos acompañado durante toda su vida (y más… spoiler!) y que evolucionaron para bien y, queramos o no, para mal. Este episodio se dedica enteramente a ellos, a sus relaciones, su soledad, sus victorias pírricas, sus miedos… Es un final perfecto porque no hay sorpresas: es una tragedia clásica y ya sabemos cómo terminan aquellas… y aún así, esperamos la redención. La música es uno de los grandes aciertos de Babylon 5 y en este episodio, el compositor nos parte el corazón lenta y dolorosamente: ninguno de mis ex se ha acercado siquiera al nivel de destrucción emocional que causó en mí Christopher Franke, y ni qué decir del guión de Straczynski. Malditos nerds.

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