Carl Sagan y Ann Druyan: Hasta el infinito y más allá

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La ciencia ficción es un terreno fértil para el romance. Además de los clásicos impedimentos terrestres, los amantes se ven separados por las distancias astronómicas (literalmente), el lenguaje (no solo el idioma), la biología… si dos seres de distintas especies se encuentran y enamoran ¿estarán en capacidad de relacionarse íntimamente, reproducirse y procrear? Ilustran este dilema Aeryn Sun y John Crichton en Farscape; John Sheridan y Delenn en Babylon 5, entre otras parejas heteronormativas, y hago énfasis en ese punto porque hay relaciones siderales en las que, además de todo lo dicho, entra en juego el género: especies hermafroditas, especies que tienen género fluido o no binario; y especies que directamente no tienen género, como Dax y Odo en Star Trek DS9.

La ciencia a secas, en cambio, no suele ser tan amable con el amor. A veces no solo lo disecciona, sino que lo reduce a reacciones químicas. No le quita verdad, pero le quita sentido. Quizá por eso el ámbito científico no nos ha dado tantos romances memorables, o al menos, no tan apasionados en su relato. Una de las grandes excepciones es la del astrónomo y divulgador Carl Sagan y la autora y productora Ann Druyan

En el corto The Voyagers, de la directora Penny Lane, conocemos el inicio de esta historia de amor que no tendrá final: Carl Sagan se enamoró de Ann Druyan alrededor de 1976, cuando ambos trabajaban en el diseño del Voyager Golden Record, el disco que iría en las sondas Voyager 1 y 2 hacia el espacio interestelar. Fue algo súbito, mutuo e irremediable. Ambos decidieron entonces pasar el resto de su vida juntos. Sagan le dedica a Druyan su ya legendario best seller, Cosmos: “En la vastitud del espacio y en la inmensidad del tiempo mi alegría es compartir un planeta y una época con Annie.” La pareja trabajó junta en más de una ocasión. Ambos co-escribieron la novela Contact y el guión de la misma, que llegaría al cine en 1997 en la cinta dirigida por Robert Zemeckis y protagonizada por Jodie Foster y Matthew McConaughey. En la película, la relación central se da entre un pastor laico y una científica atea. Podría parecer que sus diferencias son irreconciliables, pero ambos encuentran la forma de seguir juntos y habitar el mundo del otro sin dejar de ser fieles al suyo: a través de la fe y el amor. Carl Sagan murió en 1996, poco antes de que estrenaran Contact. Al final de la película hay también una dedicatoria: “Para Carl”.

La Voyager 1 pasará cerca de una estrella por primera vez en 40000 años y seguirá su camino infinito llevando no solo un mensaje de la Tierra a otras civilizaciones, sino una carta de amor de Carl Sagan y Ann Druyan a la humanidad. Las palabras del Presidente Carter en el disco bien podrían ser las suyas: “Este es un regalo de un mundo pequeño, distante; una muestra de nuestros sonidos, nuestra ciencia, nuestra imagen, nuestra música, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos. Tratamos de sobrevivir nuestro tiempo para poder vivir en el de ustedes.” Amor de verdad, del que trasciende las fronteras del infinito y más allá.

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