Reseña: Vinyl, de HBO

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3 de agosto de 1973. Richie Finestra, director ejecutivo de la disquera American Century, está sentado en su Mercedes Benz en un mugriento callejón cerca de las calles Broadway & Mercer en Nueva York, víctima de un ataque de pánico. Le compra 280 dolares de cocaína a un dealer callejero y procede a arrancar el espejo retrovisor del auto y a esparcir el polvo blanco sobre él. Saca una tarjeta de negocios de su bolsillo para delinear la raya y se da cuenta que es la tarjeta de un detective de la policía. Sus nervios se estrellan contra el piso. Inhala la raya, con ganas. Su cuerpo entero entra en trance y durante un instante todo está bien, hasta que su mirada se fija en la tarjeta de negocios. La culpa que le produce la imagen de un delito que acaba de cometer lo obliga a marcar al precinto policial desde el teléfono de su coche. En cuanto contesta el detective se escuchan los alaridos eufóricos de una estampida de jóvenes que corren hacia él. El pánico aumenta, y Richie cuelga bruscamente la llamada. ¿Vienen a por él?  No, se dirigen hacia la entrada del Mercer Arts Center, icónico hall cultural de principios de los años setenta donde tocó Miles Davis, produjeron Shakespeare, y podías encontrarte con Elton John o Susan Sontag un martes por la noche. Richie entra al recinto, y, muerto de curiosidad, camina lentamente por los pasillos del antro.

Mientras atraviesa los corredores se topa con varios asiduos del local: cuatro individuos arrastran a un hombre sin camisa, en coma y con vómito sobre su pecho; otro recibe un blowjob en una esquina mientras dos personas observan la escena (al mejor estilo Scorsese) fumando un cigarrillo. Al final de su trayecto llega a un salón donde están tocando los New York Dolls, con tanta fuerza que el techo se cae a trozos.  Richie se deja llevar por la música, extasiado no solo con la banda sino con el público, aturdido por la estruendosa guitarra de Sylvain Sylvain y los gritos de David Johansen. Mientras llueven pedazos del techo sobre los espectadores, Richie entiende por qué se metió en este negocio de la música. No es por el dinero, ni por la fama, sino por la música: para llevarle el rock al pueblo.    

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Asi empieza Vinyl, la nueva serie de HBO. Escrita por Terrence Winters (guionista de Los Sopranos) y producida por Mick Jagger y Martin Scorsese quien, además, dirige el primer episodio. La serie está inspirada en gran parte por las experiencias que los tres vivieron en carne y hueso durante los años setenta. Repleta de momentos icónicos y guiños de la época (como una conversación sobre porcentajes de venta entre Richie y el vocalista de Led Zeppelin antes del concierto legendario en Madison Square Garden donde se grabó The Song Remains The Same), la serie nos vende una suerte de Mad Men– con la cual comparte casi todos sus puntos narrativos- del rock, donde más importante que este documento pseudo-histórico del nacimiento del punk y el auge del rock es el hombre que se vuelve millonario llevándole esa música al mundo, y vendiendo su alma al diablo en el proceso. Eso sí, lo hace con estilo. Esta es una producción de Scorsese, donde los vestuarios, los peinados, y hasta la forma en que los personajes hablan está elaborado con una minuciosa atención al detalle, y el ritmo imparable con el que se cuenta la historia la hace parecer el primo roquero apestoso de El Lobo de Wall Street. Bobby Cannavale, que interpreta a Richie, no es Jon Hamm, ni se le acerca y a la serie todavía le queda por demostrar si va a ser más que tres viejos nostálgicos rememorando la mejor época de sus vidas, llena de drogas, sexo y un estilo de vida imposible de mantener para siempre, o si nos va a contar algo mas intimo sobre las repercusiones de esos excesos.

Sigan o no la serie al segundo episodio, el primero funciona como su propia pelicula, en gran parte por el pedigrí del equipo creativo y la energía juvenil con la que estos tres abuelos cuentan su versión de los hechos. Si vieron el trailer y les dio piel de gallina el ver tanto rock en despliegue o son el tipo de geek que va a debatir con sus amigos sobre la veracidad de la destrucción del Mercer Arts Center no van a poder despegarse de la pantalla, porque el fan service es brutal (¡cameo de John Cameron Mitchell¡) y cada minuto hay una referencia a alguna banda o alguna canción que les arrancará una sonrisa. Como diria AC/DC, “Let there be rock!”.

Momento Favorito: Paseando en su limusina por la ciudad, Richie se baja de su coche al oír algo que nunca había escuchado antes: hip hop. Es más, se encuentra con el primer jam de hip hop de la historia a la mano de DJ Kool Herc en el Bronx.  Richie no es bienvenido en esta fiesta y lo echan a punta de pistola, pero vemos en su mirada que acaba de escuchar el futuro de la música.

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