Mr. Robot

En el 2015 se estrenaron un total de 350 series originales de ficción en los Estados Unidos. En el 2016, se espera que ese número ascienda a 400. Es imposible ver tanto, porque me quedan tantas cosas por leer, escuchar,  jugar. Es más, ¡no quiero ver tanto! Lo que quiero es una serie que me deslumbre, que se merezca un fin de semana de binge en pijama, con excesos de comida chatarra,  de la que no me arrepienta el domingo de noche cuando me doy cuenta que mañana es lunes y sigo en pijama. Ya para este punto lo que importa no es que una serie sea buena, sino que sea única. En el 2014 esa serie fue The Knick de Soderbergh. En el 2015, Sam Esmail nos da Mr. Robot.

Podría desmenuzar las muchísimas cosas que esta serie hace de manera casi perfecta: la perturbadora y poco ortodoxa fotografía que hace que gente sentada en computadoras sea emocionante plano tras plano, la música que parece que fue hecha por una inteligencia artificial que sabe algo que nosotros no sabemos, el quirúrgico uso de temáticas actuales como la ilusión de la seguridad cibernética y el anarquismo digital, o uno de los mejores villanos en terno que nos ha dado el género desde Patrick Bateman, pero al final del día todo esto está ahí para servir a Rami Malek y su interpretación de nuestro personaje principal, Elliot: un reclusivo y talentoso hacker, con un no tan ligero caso de Asperger’s, empleado de una empresa de ciberseguridad, donde la política de contratación es, al parecer, el enemigo de mi enemigo es mi amigo, y en la cual todo problema en el mundo se puede solucionar con una simple línea de código.

Elliot, como muchos hoy en día, sufre de soledad pese a no estar solo, y su computadora es lo único que le da energía para ser funcional, para no romperse bajo la obligación de mantener relaciones humanas y tener que mostrarle al mundo, y a él mismo, quien es realmente.  Mr. Robot es una serie que te obliga a preguntarte si el bien y el mal ya no tienen una línea que los divide, o es tan fina que ya nadie la puede o quiere ver, donde la moral no es algo que se cuantifica en blanco y negro sino en gris y todo contado a través de los ojos y los pensamientos (narrados en off con una frialdad espeluznante) de un personaje que nunca sabes si lo que está pasando alrededor de el es real o producto de su paranoia.  Si quieres ver por qué la gente dice que vivimos en la época de oro de las series de televisión mira los primeros episodios de Mr. Robot. Eso sí, que no te sorprenda que te pille el amanecer diciendo “uno más”.

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