Louie

Si miramos comedias televisivas legendarias como Seinfeld, Frasier, Cheers, y Friends, vemos que todas y cada una de ellas fueron producto de una confluencia cósmica de circunstancias políticas y sociales. Estas series hablan sobre un punto específico de nuestra historia, por eso nos recuerdan un momento de nuestras vidas. Y, a pesar de que canales y productores sigan intentando reproducir ese milagro, lo único que consiguen es que los espectadores digan es: no es tan buena como _________.

Louie

Lo sorprendente de la serie Louie (en HBO y en Netflix) es que no solo logra ese milagro episodio tras episodio, sino que lo hace a través de un uso de lenguaje cinematográfico y una humanidad nunca antes visto en comedia. Inspirada en gran parte en la vida de Louis C.K., famoso comediante de stand-up que actúa, dirige, produce, escribe y edita la serie, los episodios tratan de eventos cotidianos vistos a través de sus ojos: los de un gordo calvo con un severo caso de neurosis y odio hacia la humanidad y a sí mismo.

Toda narrativa es una mezcla de comedia y tragedia que se encuentran para contar una historia. En Louie, la tragedia tiende a ser el componente que toma la delantera, que asoma en cada triunfo y cada derrota como parte esencial de la experiencia humana. Eso, mezclado con un sentido de estética y estructura de autor, hace que lo que podría ser una sit-com cualquiera sea elevado a algo más parecido a una película de Woody Allen en fragmentos de media hora. Nos reímos de, y sufrimos con, que todo a su alrededor constantemente se desmorona y nos entretiene el filtro de pesimismo (o pragmatismo) con el que ve la vida. Porque todo siempre podría ser peor, y el milagro es que no lo sea.

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