Lost

La sensación de pérdida muchas veces puede derivar en rabia, y se puede aplicar a muchas situaciones de la vida de una persona, desde las más profundas a las más triviales: que tu equipo deportivo favorito pierda el mundial, que tu nueva banda favorito decida retirarse cuando recién la descubres, la despedida de alguien que pensabas que iba a estar ahí para siempre… Cualquier situación en la que estás emocionalmente involucrado y acaba pasando lo contrario a lo que esperabas. En la cultura pop pasa con las propiedades intelectuales con las que te identificas, a veces tanto como con el mundo real. En ellas has depositado horas de horas sumergiéndote en una versión alterna al mundo que te rodea, y luego termina de la manera más decepcionante posible. Ha pasado con sagas que han durado años, incluso décadas: Star Trek, Tolkien, Doctor Who, Marvel, DC… Un quién es quién del panteón de los grandes, y un cementerio plagado de decepciones y cabreos.

Lost-season1Mi episodio más memorable de rabia con la cultura pop es la última temporada de Lost.  La serie se centraba en los sobrevivientes de un choque de avión en una isla tropical donde habían osos polares, universos paralelos, sobrevivientes de otros choques de avión y una computadora con un conteo que nadie sabe para qué es. Lo importante es que al centro de una serie que estaba inspirada (casi bordeando en el plagio) por la serie Twilight Zone. Había personajes, seres humanos, detalladamente concebidos, que impulsaban la historia hacia adelante episodio tras episodio, no al revés. Una historia que mezcla las ideas centrales de Lord of the Flies con aventuras a lo Spielberg, donde temáticas como la culpa, la razón de existir, el perdón y la inevitabilidad de la vida no fueron usados como ases bajo la manga sino como el ADN que le daría una identidad única y un propósito a cada uno de sus personajes.

Pero al llegar a la sexta temporada, que todos sabíamos que era la última, donde esperábamos que se resolvieran todos los misterios que habían construido minuciosamente, cuando todo el sufrimiento por el que habían pasado estos personajes iba a tener algún tipo de catarsis, los creadores de la serie decidieron no explicar nada, más bien decidieron todo lo contrario, con un aire budista que no dejó satisfecho a nadie.  Ojo: no es como muchos pensamos en un inicio, no estaban todos muertos, no fue todo un sueño, la isla si existió y su propósito estaba claro:  enfrentarse a sus demonios. Pero en lugar de mostrarnos cómo superaron o no sus problemas, los mataron a todos, y la sexta temporada sucede todo en un purgatorio donde el tiempo es inconsecuente. Resulta que algunos llevaban décadas habiendo muerto, mientras que otros acababan de morir. Un final supuestamente metafísico, en el que lo que importa es intentar argumentar que al final no estamos solo y que la vida no es tan mala como uno cree… Con tanta expectativa, You Can’t Always Get What You Want de los Rolling Stones debió haber sido el tema principal de la serie, y era imposible que el equipo creativo nos diera un final satisfactorio. Fue divertido ver las reacciones de los fans que lo presenciamos mientras la serie se emitía semanalmente, modelando perfectamente las emociones del modelo Kübler-Ross, pero la ira se convirtió en depresión, y finalmente aceptación. Hoy lo tenemos prácticamente superado, hasta que un editor te pide que revivas el trauma y ¡¡¡¡AAARRRRRRRGGGGGGGGH!!!

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