Reseña: Creed

Creed

La narrativa de Creed es familiar: hijo de famoso intenta salir de la sombra de su padre. En este caso, la meta-narrativa refleja el mismo arco. En pantalla, Adonis Creed, hijo de Apollo Creed, con dos puños a su nombre y el sueño de llegar a ser campeón. Fuera de ella, Creed, película, intentando a la vez honrar a la saga de Rocky y demostrar la grandeza de sus propios méritos.

Creed no pierde el tiempo: la película abre con una pelea de un joven negro en un centro de rehabilitación juvenil. La revelación de que ese joven, Adonis, es un Creed, hijo de Apollo. Corte a títulos. Boom. Suspiro colectivo, la gente se endereza en sus asientos. Ahora un adulto de 30 años, Adonis se prepara para una pelea de boxeo ilegal en Tijuana. Se pone sus guantes y empieza a calentar contra la pared de la sala de espera. Silencio total en la sala de cine. Adonis camina por entre fans de su contrincante hacia el cuadrilátero y lo abuchean. “Vamos”, grita alguien en mi sala, y empiezo a entender dónde estoy. La sala de cine se ha convertido en un estadio, la pantalla en el cuadrilátero. Somos el público, hemos pagado para ver una pelea. Adonis se sube al ring, se escucha un “you got this” y una mujer al lado mío aplaude. Ya para este punto estamos todos cautivados por la llegada del joven Creed al ring. Se encuentran los contrincantes, el réferi les explica las reglas. No sabemos quién es Adonis todavía, solo que es hijo de Apollo Creed. En cuanto Adonis tira su primer golpe se ponen en pie dos personas detrás mío. El ruido de la sala aumenta, y se convierte en un coro de voces de aliento, mientras Adonis esquiva jabs y ganchos de su contrincante. La pelea es pareja, unos golpes conectan, otros son puro aire, no hay un ganador todavía. Se siente como que han pasado 30 minutos cuando en realidad van 30 segundos. De repente, Adonis se estira hacia atrás esquivando un derechazo de su contrincante y gira todo su torso hacia adelante, guante por delante. El golpe conecta. El contrincante cae. La sala entera explota. Me doy cuenta que estaba conteniendo la respiración. Me uno a la celebración de la sala. Todos somos Adonis.

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