Neverhome

Los libros siguen siendo una de las experiencias más íntimas que hay: a diferencia del cine, no se puede leer en un cuarto con más gente con las que uno ríe y llora en comunión. Para leer, aunque sean libros sencillos, hay que ir a un lugar interno y solitario, y es en ese territorio donde todos tenemos la rabia sentada paciente esperando un momento de debilidad para tomar el control del resto: una imagen que Pixar ya convirtió en película, haciéndonos desear que ojalá fuera así de adorable nuestro monstruo interno.

Por quién doblan las campanasLas novelas sobre la guerra son un género aparte y, como tal, debe haber mucha gente como yo que no quiera leerlas, pero estoy contenta de haberles dado una oportunidad. Cuando estaba en la universidad estudié relaciones internacionales, y me pasé cuatro años hablando sobre guerras y tratados de paz, de la manera como se trata todo en las universidades: encerrada en una burbuja donde la guerra era tan etérea como la posibilidad de que alguna vez una chica morena, gorda de un país del “tercer mundo” pudiera prevenirla. Tuve una buena educación, pero en la universidad nunca leí nada como Neverhome, ni como mi primer libro bélico, Por Quién Doblan Las Campanas de Ernest Hemingway.

Neverhome (escrita así en su traducción), de Laird Hunt, está plagado de aventuras y su escritura es prodigiosa. Te muestra que pelear y matar a mucha gente tiene su precio, y que cuando uno se entrega con los brazos abiertos a la rabia pierde muchas cosas. Estuve a punto de abandonar este libro, como estuve a punto de abandonar el clásico de Hemingway. Por momentos dudé si hace falta tanta realidad, sobre todo porque Hemingway te prepara todo el libro para el final mientras que en Neverhome te cae encima como un saco de ladrillos.

Se aprende sobre la guerra leyendo a Habermas como se aprende leyendo a Hunt y Hemingway. Si les interesa el tema de la rabia y la guerra tienen aquí un libro que les puede gustar, pero no me hagan mucho caso, porque les habla una estudiante. Al final no he ejercido nunca mi educación en high politics porque cuando salí de la universidad corrí para el otro lado. No podía seguir levantándome cada día ante tanta desolación.

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