Lolita y Humbert

auyf-square-1536Una vez escuché a Rodrigo Fresán decir que Vladimir Nabokov era el escritor que había hecho todo bien. Además de escribir Lolita en francés, ruso e inglés, lo hizo excepcionalmente en los tres casos. Los buenos críticos dicen que lo que importa es el estilo y la voz en una novela, y que el resto es superfluo. Sin embargo, después de terminar Lolita, me sorprendió sentirme sola, todo lo que he leído de esta obra a lo largo de mi vida lectora, incluso las películas que vi, le ha dado un aire romántico a Humbert, protagonista de la obra. Da la impresión que este hombre es un artista que lo único que quiso es ser libre y entregarse a la belleza.Se equipara a la metódica, punzante y bellísima prosa de Nabokov con los espasmos psicóticos de Humbert. Incluso algo que Humbert en su novela dice secreto y entrega como un juego íntimo entre el lector y el (nosotros su señorías los jueces que vamos a mandarlo a la hoguera) es ahora de uso común: a las nínfulas se les dice Lolitas, es decir estas niñas con cara de guarras que con su aura invitan inconscientemente a los hombres a profanarlas. Queda feo de mi parte, pero me parece una tontería celebrar esa visión a raíz de esta novela. Por suerte el mismo autor una vez dijo que no le hacía ninguna gracia que ese uso se haya incorporado al la lengua vernácula. Las cosas por su nombre: Humbert era un hombre adulto al que le gustaban las niñas. Es más, sus víctimas tenían un límite de edad, y sometió sexualmente a una en cuanto el destino le puso delante una oportunidad. Si no fuese por ese hecho brutal, todo el resto de la novela no funcionaría. Me voy a lanzar al ruedo y decir a todos los escritores que hablan de la belleza y la libertad en el arte, que no pueden olvidar todas las decisiones que hizo el autor que convirtieron a Humbert y Lolita en una de las grandes parejas de la literatura del siglo veinte, amor romántico y transgresor del bueno. La verdadera monstruosidad y la magia de esta pareja es que nos sentimos dispuestos a aceptarlo, esa es nuestra bella abominación.

Ningún amante ha sido evocada con tanta ternura como Lolita, a pesar de que muchas quizás han sido violadas con la misma insistencia. Si Vladimir Nobokov no tuvo ningún reparo para armar un novelón alrededor de la psiquis de un pedófilo llamándolo por lo que es no creo que nosotros debemos andarnos con chiquitas, pero en estos tiempos de corrección política hasta las feminazis tenemos que cuidarnos de ofender. Lo fantástico de la literatura es que los lectores y su propia historia y mundo abran un universo de reacciones, es lo que hace que las obras perduren a través del tiempo. No quiero dar la impresión que odié Lolita. Todo lo contrario: sentí primero deseo, después compasión, por muchos momentos empatía, odio y asco, señales de estar en presencia de una obra maestra. Lo que no entiendo es el decoro de huir de la moraleja cuando la obra nos está dando golpes bajos, con toda la mala intención del caso.

Nabokov: celebro que existas y que, aunque mi cerebro esté capado por el internet y la TV, puedas llevarme, sesenta años después, de la mano por todo Estados Unidos en un viejo Melmoth. Lolita da para muchas lecturas: el tono y el humor de su primera persona han dado mucho juego… En esto de los clásicos es mejor que no te lo cuenten, y que lo experimentes en primera persona.

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