Entrevista a Humphrey Inzillo, Periodista Cultural y Musical

HumphreyInzillo2016Desde los inicios de alvarete.com hemos tenido la idea de entrevistar a personalidades de la comunidad cultural que admiramos o que han influenciado nuestro trabajo tanto dentro como fuera del blog. Para crecer hay que aprender de los aciertos (y desaciertos) de otros con más experiencia que uno, y no hay nada como una buena entrevista para sumergirse en la mente de un creador y entender cómo y por qué una idea se convierte en algo que puede impactar a otro ser humano hasta lo más profundo de su ser.

Para inaugurar esta nueva sección buscamos a alguien que ha dedicado gran parte de su vida al periodismo cultural. La oportunidad se presentó cuando conocimos a Humphrey Inzillo dentro del marco del Ecuador Jazz 2016. Humphrey tiene una ilustre trayectoria dentro del ámbito del periodismo cultural y, más específicamente, el musical: editor de la mítica edición argentina de la revista Rolling Stone durante uno de sus periodos más representativos, y ahora redactor para el diario La Nación y editor de la revista Brando. Cuando visitó nuestro país por segunda ocasión para dictar talleres sobre periodismo musical pudimos conversar con él acerca de su proceso para investigar, hacer y editar una entrevista a un artista.

(Esta entrevista ha sido editada por claridad y extensión.)

Cuéntanos un poco sobre tu trayectoria. Sabemos que fuiste editor de la Rolling Stone Argentina y que te dedicas a dar cursos de periodismo musical.

Toda mi vida estuve vinculado a la música porque vengo de una casa donde se escuchaba mucho jazz. Además, mi papá era periodista especializado en el género, y también es como un activista de la escena jazzística porteña desde su adolescencia. Formó parte del circulo Amigos del Jazz que a finales de los sesenta, principio de los setenta, organizaron recitales, conferencias y conciertos. Antes de eso, mi abuelo había organizado bailes de jazz en la década de los cuarenta. Desde muy chico tuve la oportunidad de ver y de escuchar muchos conciertos, algunos de música muy rara para un niño. En la adolescencia empecé a acompañar a mi padre a las entrevistas y a las conferencias de prensa, y a entender la dinámica del oficio de un modo muy informal, a la vez que empecé a frecuentar la redacción de la revista La Maga, que era donde colaboraba en ese momento mi padre (la Maga era una revista de cultura en los años noventa en la Argentina). Cuando empecé a trabajar fue en una revista de rock independiente que se llamaba La García (así llamada en homenaje a Charly García) donde, entre otras cosas, se publicó la última entrevista que dieron Los Redondos, Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota, una banda muy importante de acá. Esa entrevista la hicimos con dos colegas (Martín Correa y Pablo Marchetti), y fue la última vez que estuvieron juntos como banda.  

¿Empezaste a ejercer como periodista musical sin tener formación formal?

Cuando me invitaron a formar parte de la redacción de la revista estaba en segundo año de la carrera, y los próximos dos los cursé ya trabajando. Creo que nunca volví a trabajar en una redacción como esa, aprendí muchísimo con ellos y estoy muy agradecido que haya sido asi. En el 2001 La García había cerrado durante la crisis más grande de Argentina, y en el 2002 entré a la Rolling Stone. A los pocos meses empecé a trabajar en la redacción. Uno de esos años se lo dediqué a otro proyecto, pero seguí escribiendo, y a partir del 2006 empecé a editar reseñas y a escribir en las distintas secciones de la revista. Acabé escribiendo para ellos durante 12 años.

¿Cuándo empieza tu carrera como periodista profesional en otros proyectos?

A mediados de los años 2000 empecé a dar un taller en un centro cultural y despues tuve varias experiencias de seminarios por varios años, especialmente en otros países de América Latina, conforme a la creación de la Red de Periodistas Musicales en Iberoamérica (REDPEM). Ellos tienen que ver sobre todo con transmitir experiencias, porque no existe propiamente un título de periodista musical o periodista cultural. Es un work in progress constante y, a la vez, una formación que es informal porque lo que terminas poniendo en juego en cada nota, en cada reseña, en cada crítica, es de alguna manera todo lo que escuchaste y leíste en tu vida. No es que haya algo acotado, hay un montón de herramientas que te da el oficio y las terminas aplicando, pero para mi es mas importante el background, y eso es totalmente personal.

Entrevistando a Meshell Ndegeocello.

Humphrey Inzillo, entrevistando a Meshell Ndegeocello.

¿Hay diferencias entre periodismo cultural y periodismo musical, o crees que en el fondo son lo mismo?  

El periodismo musical termina siendo una especialización dentro del periodismo cultural, que para mí tiene algo que es importantísimo: entender a la música o el periodismo musical por su carácter transitivo. No como una disciplina aislada de otras disciplinas artísticas, sino más bien como una disciplina que está en dialogo constante con otras expresiones artísticas. Los músicos, por ejemplo, colaboran y se nutren de la obra de escritores, de poetas, de actores, directores de cine y de diseñadores. Todas las expresiones artísticas están en constante diálogo con la música y vice versa, y para mí es muy importante establecer ese vínculo.

¿Qué es lo más importante cuando reseñas o críticas música? ¿Hace falta formación musical para poder hacer periodismo musical?

Para mi lo emocional es fundamental sobre todo porque mi vínculo con la música es esencialmente emocional. Si bien tengo cierta formación musical porque estudié música desde chico y adolescente (aunque luego lo abandoné), hay que tener en cuenta que la gente que te está leyendo en su gran mayoría no tiene ese tipo de formación. Para mi es mucho más importante el aspecto emocional a la hora de escribir una reseña de un disco o un concierto porque es lo que genera una conexión más directa del público general con la música. Toda mi vida tiene una banda sonora como si fuera una pelicula, hay temas que te remiten a ciertos momentos importantes de tu vida o momentos que tal vez no sean importantes, pero que están ligados a cierta canción o cierta música.

Y tú, ¿cómo intentas romper la barrera entre lo subjetivo y lo objetivo?

A ver, estamos hablando de música y no de neurociencia.  En ese sentido para mi la subjetividad es imprescindible, es una condición sine qua non de cualquier crítica, porque existen tantas visiones sobre una obra musical como personas. Lo que uno hace es poner en juego toda la música escuchada hasta ese instante y sacarla en ese momento. En ese sentido, cada mirada va a ser distinta. Por supuesto que después puede haber discursos más hegemónicos, pero para mí es algo totalmente subjetivo porque va de acuerdo a la formación de cada uno. Se supone que los críticos hemos escuchado mucha más música y nos hemos especializado más que un oyente promedio, aunque tampoco es una cuestión tan definitiva: hay un montón de gente que es melómana y no ejerce la crítica. La crítica desde la objetividad no existe, no tiene sentido.

¿Cuál es tu acercamiento, obra vs. sujeto?  ¿Cómo manejas la separación de la obra cómo tal y el cantante o la banda?

Me parece que forma parte de un todo. Cuando haces una reseña de un disco te estás centrando en un hecho puntual, pero siempre es una excusa para hablar de ese artista. Lógicamente no es lo mismo hacer una reseña de un artista emergente que tiene una obra pequeña que de un grupo que sacó treinta discos antes.  Ahí es muy distinto, con un artista nuevo lo que haces es tratar de presentarlo, mientras que un artista que tiene veinte discos no necesita presentación, entonces es mucho más importante entender cómo juega esa nueva obra con toda su historia previa.

Entrevistando a PAPPO 1999

Habiendo vivido las grandes épocas del rock argentino en los 80, 90 y principios de los 2000 en Argentina, ¿cómo ves la situación ahora que ya Argentina no tiene esa dominancia musical en Latinoamérica?

Yo en los ochentas era un niño, y por aquel entonces no escuchaba rock. Después, casi por osmosis me di cuenta que los ochentas fue una época de oro para los argentinos, no solo por la proyección internacional que tuvo Soda Stereo, sino por lo que estaba pasando acá en la escena under con Los Redondos, Sumo, Virus, Los Abuelos de la Nada, Charly Garcia en su etapa más prolífica, y Calamaro. Sin duda: los años ochenta fueron una época gloriosa. En los ochenta Soda Stereo fue la primera gran banda que entendió como proyectar una carrera a nivel continental y por eso fue tan grande en América Latina. A mí por ejemplo me interesa muchísimo lo que está pasando ahora en Colombia, porque en los ochenta no era un país que estaba en el mapa de la música continental y en los noventa, desde mi visión argentina, pasaron varias cosas importantes.  Más allá de Los Aterciopelados, que atraen una atención importante al país, pero también Carlos Vives, con sus discos como Clásicos de la Provincia y su trabajo con Ivan Benavides, inaugura y anticipa lo que va a ocurrir con la música colombiana en la década de los noventa y más allá. También con la llegada de Richard Blair a Colombia, que fue un ingeniero de grabación que había colaborado con Toto La Momposina y Peter Gabriel, funda la electro-cumbia con grupos como Sidestepper, Bomba Estéreo y Sistema Solar. Hoy por hoy, Colombia tiene muchísimos artistas de gira no solo por América Latina sino también por Europa, y para mí es una escena ejemplar de lo que es trabajar una perspectiva vanguardista que parte desde la tradición. En ese sentido, teniendo una tradición folklórica tan rica donde hay mas de 100 ritmos distintos como la cumbia, las gaitas, lo afro, el vallenato, el bambuco, hace que sea una escena muy interesante para ser descubierta. Eso se va contagiando, y la aparición de una artista como Nicola Cruz en Ecuador, con la proyección internacional y mediática que obtuvo desde su último disco (Prender el Alma) es muy saludable para la escena y ahora hay muchos artistas interesantes siguiendo esos pasos a partir de la identidad, pienso en Evha, Mateo Kingman, todos los proyectos de Ivis Flies.

¿Sientes que la búsqueda de sonidos locales y de identidad local es necesaria para que la música de un país crezca?

Definitivamente. ¿Para qué voy a irme a Ecuador para escuchar una banda que pretende sonar como Soda Stereo si tengo Soda Stereo acá? ¿Por qué necesito escuchar bandas que suenan como si estuvieran en Nueva York, Londres o Manchester, si ya están las originales? Igual está buenísimo escuchar que una banda argentina o ecuatoriana o peruana escuche Coldplay, Radiohead, Kendrick Lamar o Kanye para que la producción tenga un contenido de esa influencia global y contemporánea, pero que se refleje algo de su cultura y de tradición local y la escena que vive el artista de un modo cotidiano va a ser lo que le permita diferenciarse y le proyectar una carrera fuera de su país. Lógicamente, por algo Nicola tuvo la repercusión que está teniendo. Es fundamental partir de la identidad, es lo más necesario. A medida que descubre alguien de afuera como es un país, como Ecuador, que tiene un paisaje riquísimo, con una tradición culinaria alucinante y toda la cuestión mística y mágica, chamánica, indígena, afroamericana, es cuando descubre lo rica que es su cultura, y en la medida que todo eso se incorpore le da ese toque original que no existe en otros lados.  

¿Como se maneja el tema de la ética en el periodismo musical?

No se puede pensar en el periodismo musical al lado del periodismo y la ética. Somos varios los periodistas que tenemos un rol activo en la escena y no pensamos en una especie de periodismo militante, además de que en Argentina está muy cuestionado el tema del periodismo militante. En relación a la música, no me gusta pensar en el periodista e incluso en un crítico como alguien que se pone en un pedestal y dice “esto está bien esto está mal”, o “esto me gusta y esto no”, sino más bien en alguien que transmite sus impresiones sobre la música y, sobre todo, alguien que comparte la música que le gusta y ha descubierto, como uno lo hace informalmente con los amigos. A la vez, somos varios los periodistas que tenemos un cruce entre el periodismo y la gestión cultural, y me parece buenisimo poder ayudar a artistas nuevos y difundirlos entre colegas y productores de fuera. Para mí eso me parece mucho más importante: ver el periodismo musical desde esa perspectiva. Hay cuestiones que forman parte de una fantasía o imaginario, como el que puedan llegar a sobornarte para que hables bien de un artista o de un disco, pero en casi 20 años de carrera nunca me ha pasado. ¡Lamentablemente! Escucho ofertas (risas). Todo va ligado a lo subjetivo, por eso las cosas van firmadas y uno como lector va siguiendo periodistas, ya sea por afinidad o por obsesión, y así uno llega a entender si esa música le va a parecer interesante o no.

Hoy en día, y sobre todo a través del internet, se ha vuelto fácil dar una opinión.  ¿Cómo ves el periodismo cultural en la actualidad?

Es distinto publicar en un blog o un medio que tenga mucha trayectoria que un blog que está iniciando. Pero hay gente que escribía en blogs que terminó escribiendo para Rolling Stone en Argentina, y en ese sentido lo que cambió es toda la dinámica para escuchar música. Antes si querías escuchar algún disco editado en el exterior tenías que conseguir alguien que lo tuviera, y era toda una odisea. A veces lo conseguías y pasabas un mes escuchando nada más que ese disco. Ahora tienes millones de horas de música de estilos rarísimos, cosas nuevas y viejas a un clic y es un proceso más democrático para todos. Por otro lado, es importante tener una formación y que las personas que publican en un medio con más llegada tengan el background suficiente y estén a la altura. No siempre ocurre: te puedes encontrar con cosas buenísimas que lees en un blog que capaz lee muy poca gente y te puedes encontrar con cosas muy mal escritas y sin ideas en un medio masivo. No es una norma.

Cuando das un taller, ¿tu público son periodistas establecidos que quieren incursionar en el periodismo musical o tienes gente que empieza desde cero?

Hay de todo y es muy ecléctico. Para mi es buenísimo cuando aparecen colegas de trayectoria y hasta es un orgullo eso que vengan a compartir estos espacios, porque en definitiva son espacios para la reflexión del oficio, y eso me parece necesario.  

¿Cuál es tu proceso para preparar una entrevista con un artista?

Es fundamental el proceso de preparacion e investigacion. A veces es relativamente fácil porque es un artista que ha estado contigo toda la vida, pero hay veces que hay que hacer la investigación porque no tienes muchas referencias. Lo que termina pasando es que es más dificil entrevistar a artistas que admiras mucho que entrevistar a alguien que te resulta más indiferente, porque hay una presión afectiva que se puede poner en tu contra. A mí me pasó alguna vez, y en otras ocasiones todo lo contrario: fue gratísimo tener ese background afectivo.  

¿Qué recomendación le darías a un periodista musical naciente?

Siempre hay que escuchar la mayor cantidad de música posible, leer la mayor cantidad de libros posibles, no solamente ligadas a la musica o la critica. Nutrirse, leer novelas, libros de cuentos, leer poesía, ir a ver muestras de arte, ver películas, tener el background más completo posible. Para mí eso es indispensable: leer a autores clave es importante, pero más allá de todo eso, lo realmente importante es estar atento a diferentes tipos de música y nutrirse, porque el periodismo requiere una formación constante.  

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