Entrevista a Ernesto Yitux, Director del Documental “Siguiente Round”

Ernesto Yitux, una mirada que destruye capas

Ernesto Yitux en la cooperativa Mélida Toral, Isla Trinitaria.

Ernesto Yitux en la cooperativa Mélida Toral, Isla Trinitaria. (Foto: Andrés Loor)

 

Siguiente Round es el título -casi metafórico- del documental que empezó a filmarse en medio del dolor. Hace un año, en marzo de 2015, más de cien familias de la Isla Trinitaria asentadas en el sector conocido como la Mélida Toral recibieron por parte de la Secretaría Técnica de Prevención de Asentamientos Humanos Irregulares la notificación de que la zona debía estar libre de personas en un plazo máximo de 48 horas. Se trató de un desalojo masivo por parte del Estado ecuatoriano, que no cumplió con los parámetros necesarios que garantizaran la reubicación de las familias.

Jecson “El Destructor” Preciado, un ex boxeador de la Isla Trinitaria, observó cómo su barrio se venía abajo y una mirada, la de Ernesto Yitux Iturralde, decidió contar la historia de cómo ese desalojo impulsaba a Preciado a fundar un semillero de box bajo la consigna de convertir a un grupo de chicos de la zona en potenciales campeones nacionales de boxeo. Nos citamos en la La Alborada, ese barrio guayaquileño de catorce etapas del que podrías no salir nunca. Aquel que tiene iglesia, motel, cines, supermercados, centros comerciales y hasta un cementerio; el barrio desde donde Ernesto edita y observa cada minuto que ha grabado sobre otro barrio: la trinitaria. En la cafetería donde nos citamos suena una molestosa musiquilla de fondo que nos interrumpe, pero su voz es alta y destruye el ruido. Habla del sujeto, de la intención de la mirada, de las capas que deben removerse para poder filmar. Hablamos sobre Siguiente Round, sobre Guayaquil, pero sobre todo, nos movimos en el terreno de sus ideas.

(Esta entrevista ha sido editada por claridad y extensión.)

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Empecemos por cuestiones técnicas ¿Cómo se les ocurrió diseñar una campaña de crowdfunding que no esté enmarcada en las plataformas tradicionales de financiación colectiva, y que además incluía métodos que no se habían visto en otras campañas?

Realmente esta campaña es un salvavidas. No es ni nuestro modelo de negocio ni la cifra es nuestra expectativa real, nosotros hemos buscado auspicios de la empresa privada y hemos aplicado a fondos internacionales. Pero nos encontramos con que los auspicios que sí habíamos conseguido se demoraban en desembolsar, y con que los concursos internacionales demoran en responder. El tema de fondos concursables funciona muy bien para ficción, porque mientras tú postulas trabajas en tu guión y avanzas, pero a nosotros la historia se nos escapa por su propia naturaleza: solo una vez un chico de la calle cambia su vida por una medalla.  Hice un pequeño estudio de mercado online y me di cuenta de que vivimos en un medio donde quienes quieren aportar a estos proyectos no siempre tienen Paypal, no tienen tarjeta de crédito o no van a ir a hacer fila en el banco para hacer un depósito. Llegamos al resultado de que la gente donaría mucho más si además de la plataforma web para donar, le recogían la donación en su casa.

Al ser un proyecto que busca varias vías de financiamiento y que ha tenido los problemas que has mencionado ¿puedes pagarle a tu equipo de producción por su trabajo o todo es por amor al arte?

En este momento sí, podemos pagar a la gente. Al principio la idea era ayudar a Jackson a conseguir sus guantes y levantar la escuela. Cerca de cuatro meses fui a hacer investigación de campo y en esos momentos nadie ganaba nada, tampoco había guión. Sin embargo, hubo una vuelta de tuerca: los chicos habían sido seleccionados para los juegos nacionales y las cosas tomaron otra dimensión para mí. Ahí había una historia y decidí que había que contarla. Me asocié con mi actual productora, Valeria Suárez, que viene del mundo del cine y tiene un perfil más estructurado que el mío. Yo conocía algo de su trabajo y pensé “¡A esta man la enamoro!”, y la convencí. En los juegos nacionales nos fuimos a grabar cinco personas pagándonos nuestro propio hotel y llevando cada uno sus propios equipos, sin sonidista. Eso acabó este año cuando fundamos La Gallera con Valeria; para eso pedimos un préstamo, pusimos capital y decidimos que teníamos que pagarnos y pagar a nuestro equipo. Es un trabajo suicida, sin duda, pero había que intentarlo.

Y si no logran los 15 mil dólares que están intentando recaudar, ¿no hay película?

Sí, si hay película. Sin los quince mil dólares habrá Siguiente Round por necedad propia.

¿Así vayas tú solo a grabar los nacionales?

Exactamente. Pero no es la manera. Yo creo en el amor hacia las cosas que haces, pero también creo que esto debe ser algo rentable que permita grabar en buenas condiciones, por eso tocamos las puertas de la gente y de la empresa privada. También estoy seguro de que si no hay plata no terminaría yendo solo: seguramente se unirían más personas a rodar. Gente que cree en este documental desde el inicio como Andrés Loor, Natalia Cuadrado o El Pata Saravia.

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Pienso en el guión ¿cómo se fue modificando? ¿Qué ha pasado con la historia desde ese primer momento hasta ahora?

Al inicio era una historia súper plana: unos chicos que quieren salir adelante a través del box y un instructor que los ayuda. La historia comienza a tener condumio y sustancia cuando me meto en el barrio en serio, cuando conozco de verdad a Jecson, cuando entro a su casa y me acerco a él y a su familia, cuando me tomo unas bielas con él. Me tomó meses hacer que se olvide que yo tengo una cámara. Todo comienza en serio cuando deja de actuar y deja de lado la pose, toma forma cuando acepta mostrarme su vida como realmente es. Fue un proceso complejo. Hubo un día en particular en que yo ni siquiera había ido a grabarlo, pero tenía la cámara porque siempre la llevo conmigo. Ese día El Destructor se quebró, habló sobre cosas que no saldrán en la película pero que me ayudaron a conocer a él, cosas íntimas, muy densas. A partir de ahí pensé “ahora sí estoy dentro del barrio y de la vida de este man. Dejé de ser reportero y pasé a ser un documentalista”.

Ya que hablas de eso ¿qué participación va a tener tu voz dentro de la narración de Siguiente Round?

Es complejo. Siempre he tenido clara la premisa de que quiero grabar al otro sin ser yo el que hable, dejando a un lado esa mirada antropológica que tienen ciertos documentalistas, que es siempre ver al otro justamente como Otro. Pasa mucho en nuestro medio. Lo he visto de cerca cuando me llamaban canales, ONGs o Derechos Humanos para que los lleve al barrio; ahí había una mirada condescendiente que decía “pobrecitos, hay que ayudarlos”. Es muy fácil ir, filmar e irte. Yo quiero que en la historia hablen ellos, los chicos, El Destructor.

¿Pero no cae en esa condescendencia que mencionas la recompensa de tu campaña que ofrece una visita guiada por la Isla Trinitaria? ¿No es decir “ven, te muestro a estas personas a través de mi filtro, porque sin mí no puedes entrar”?

Tengo conflicto con esa recompensa todavía. Lo que sucede es que durante todos los meses que estuvimos en la Trinitaria, y ahora que seguimos estando, conocí el sitio a través de la convivencia y la cotidianidad. Hubo gente que cuando sucedió el desalojo de la Mélida Toral me decía que los llevase a la Trinitaria a tomar fotos y yo inmediatamente me preguntaba para qué quiere ir esta persona, qué lo mueve. Creo que esa tiene que ser la primera pregunta que alguien debe hacerse: definir si es por afán de portafolio o porque realmente cree que se logra algo contando estas historias. A partir de ahí, y respondiendo a la pregunta, el tema de visitar la Isla Trinitaria con uno de sus habitantes me empezó a parecer buena justamente como mecanismo para des-zoologizar el lugar. Tampoco es algo nuevo: a mí me contacta Sonia España a través de Jazmín Quiñones, que ya manejaban los tours, gracias a una foto de la orilla norte de la isla que yo tenía de perfil de Facebook. Nos reunimos y quisieron trabajar la idea para darle visibilidad al barrio, y nosotros la pulimos con ellas y las personas del barrio.

¿Tú también tuviste que hacer el ejercicio de quitarte tus prejuicios en torno al barrio?

Totalmente. Y aun lo hago, la gente que yo conozco son los chicos de la escuela de box, a Jecson Preciado y su familia, a Jackson Jickson, pero tengo todo un barrio alrededor y hay dieciséis cuadras de gente parada en las esquinas que me mira por muchas razones. Yo soy un man foco en la Isla Trinitaria y soy consciente de eso. Ahí la gente la gente me mira por muchas cosas: soy blanco, soy alto, soy gordo, tengo tatuajes de colores, llevo una cámara. Hay un prejuicio grande de ambos lados y también diferencias muy marcadas, lo que pasa es que nosotros rompimos el estigma general de que es un barrio impenetrable. Antes de que grabáramos en Trinitaria la idea que yo tenía era que ir ahí era más o menos como ir a la guerra, y no es así.

¿Qué reflexión sobre Guayaquil como espacio público te ha generado hacer este trabajo?

Lo que ha cambiado en mi cabeza es sobre todo la perspectiva sobre la gente y quizá el mayor prejuicio que me ha tocado vencer es el dejar de ver a los demás con una intención salvadora; me costó mucho, por ejemplo, ver a Pachín -de 14 años-  uno de los personajes de Siguiente Round, hacer malabares en la calle. Luego interioricé que eso es lo que él hace, la actitud del man era “¿Y no querías grabar mi vida? Esta es mi vida, grábame”. Ahora me acerco con naturalidad a otras vidas. Empecé a ver a través de la capa, a romperla. A mirar a las personas más allá de su circunstancia, básicamente. Retomando la idea de ciudad: definitivamente existen dos ciudades con dinámicas distintas, son otros códigos donde se maneja otra lógica. Un ejemplo mínimo: en la Trinitaria no venden botellas de agua porque el agua es gratis, no venden almuerzos porque la gente come en su casa. Hablando a otros niveles, existe también una especie de para-legalidad: en la Trinitaria le tienes más miedo al pana del man que mataste que a la misma policía. Es un barrio violento.

Eso que acabas de decir se contradice con la entrevista que le dabas a Diego Arcos en la radio en donde contabas que tú entrabas y salías de la Trinitaria como si nada. La impresión que tuve es que transmitías el mensaje de que cualquiera puede pasear por la Trinitaria con una cerveza en la mano.

Creo las dos cosas, aunque suene contradictorio. También creo que no tengo que tener una reflexión total ahora. Es un barrio violento, sí, pero también es un lugar alegre y bullicioso a todos los niveles: estético, corporal y sonoro. Y sobre todo es un lugar donde te acogen, donde existen prejuicios desde ambos lados, pero que una vez que se han roto y solo quedan la personas se logran cercanías reales, relaciones muy sólidas y honestas.

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Nelsa Curbelo, otra conocedora de la Trinitaria y trabajadora activa de la zona, dijo en twitter hace unos días que dudaba de la naturaleza pacífica y deportiva del box y sobre todo, reflexionaba sobre eso que tú afirmas sobre el ring, que salva vidas. ¿Por qué defiendes la idea del box como mecanismo salvador?

Porque lo he visto. Ahora estos chicos son deportistas, representan al Guayas, compiten por una medalla; antes eran incapaces de mirarte a los ojos. Piensa en un niño que no ve a su papá hace años porque es un delincuente desaparecido, que su hermano es un yonki que parquea carros. De repente este niño se encuentra con un hombre que le dice “¡oye, tú eres un boxeador, y un boxeador es útil!”. El enganche que tuvo box en la vida de ellos no lo hubiese logrado el fútbol, el teatro, ni ninguna otra cosa, y aquí volvemos al tema de los códigos: quizá este no es el deporte que la corrección política hubiese querido, pero es el que sacó a estos chicos de la calle. Aquí hay dos cosas, una es casi filosófica y tiene que ver con la reflexión que hacen estos chicos sobre sí mismos durante su proceso de entrenamiento, y la otra es lo específico, y es que ven al box como una herramienta que les permite comer. Así que recuperando la idea de Nelsa, de sus dudas sobre el box porque no es pacífico, creo que todo lo que sea voluntario es válido y estos son chicos que están interiorizando el box en sus vidas también como un marco disciplinario: están dejando de pelear en las esquinas, dejando de tirar piedras en el estero. Violencia es lo que pasa fuera del ring, no dentro.

¿Qué vamos a ver en un documental firmado por Yitux?

Realidad. Van a ver una película que ha respetado a un grupo de personas y que ha buscado retratarlos dentro de sus propios estándares y no dentro de los míos. Hay cosas que me han chocado, como su excesiva admiración por la violencia o la madurez obligada de los niños, pero esto no se trata de mí, sino de ellos.

***

Entrevistar a Ernesto fue, en parte, reconstruir Guayaquil a través de su relato. Conversamos pocos días antes del 16 de abril; esa noche él y Valeria viajaban a Quito para presentar el teaser de Siguiente Round y embarcar a los quiteños en el proyecto a través de sus imágenes. Ese mismo día, la cafetería Lúdica bautizaba a una de sus bebidas como café “Siguiente Round” y anunciaba que las ganancias servirían para impulsar a este documental, y el Ecuador sufriría uno de los terremotos más devastadores de su historia. El país entero puso pausa y el crowdfounding pasó a segundo plano: Ernesto y los chicos del Destructor pusieron su cuerpo al servicio del centro de acopio del coliseo Albel Jiménez Parra y los aportes generados a través de su alianza con Lúdica se convirtieron en un café solidario en beneficio de los damnificados por el terremoto. Esta semana han relanzado su campaña con fuerza y nos dicen que tenemos dos semanas más para aportar a una historia que busca contar lo que Ernesto repite con convicción: que el box está cambiando vidas en la isla Trinitaria.

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