Escritura y Reescritura: Antígona a Través Del Tiempo

Óleo en lienzo de Charles Jalabert (1819 – 1901): Edipo y Antígona (Œdipe et Antigone, 1842).

Óleo en lienzo de Charles Jalabert (1819 – 1901): Edipo y Antígona (Œdipe et Antigone, 1842).

Las obras clásicas son textos que se prestan a múltiples interpretaciones y que, a pesar del tiempo que nos separa, siempre están en contacto con alguna fibra de nuestra humanidad. No es, por tanto, motivo de asombro que se lean y relean este tipo de obras, sin embargo, es bastante particular el hecho de que haya autores que las reescriban. ¿Por qué un escritor no toma la materia de su propio tiempo para retratar las fortunas y miserias de sus contemporáneos y en su lugar reescribe un texto que Homero, Sófocles, Shakespeare o Cervantes ya lograron admirablemente? Podríamos contestar, como Roberto Bolaño, que “lo que se cuenta siempre es una variación de lo que el hombre se viene contando a sí mismo desde hace miles de años” y, a la luz de esta reflexión, podemos revisar los significados que puede llegar a adquirir la reescritura de un clásico tomando como ejemplo Antígona de Sófocles, uno de los casos más extremos de naturaleza iterativa en la literatura.

En el siglo V A.C., Sófocles escribe Antígona. La protagonista de esta tragedia en defensa de las leyes religiosas y familiares, decide enterrar a su hermano Polinices desafiando el poder político de Creonte, su tío. Es condenada a muerte, se suicida y la tragedia recae sobre Creonte, ya que por la muerte de Antígona pierde también a su esposa y a su hijo. La obra de Sófocles tiene un sello moral y una esencia casi didáctica, ya que es de suma importancia para la sociedad griega sofoclea que su teatro lleve a los espectadores a una catarsis y, en este caso, además de la compasión propia que provoca, el espectador puede irse tranquilo, pues a través del horror de las muertes trágicas se reestablece el orden divino trastocado por Creonte. La lección que deja Antígona en su versión original es que los gobernantes no deben desafiar el equilibrio impuesto por los dioses y deben ser más cautos y mesurados.

En 1942 Jean Anouilh reescribe Antígona. Reproduce de manera bastante cercana el conflicto y los personajes de Sófocles, pero las cosas no quedan en blanco y negro como en la tragedia griega. Anouilh llena a sus personajes de matices y para el lector/espectador es mucho más complejo determinar “buenos” o “malos” en esta historia. La reescritura de Antígona no solo sufre cambios estructurales, sino que cambian tanto el fondo como la intención: vemos el mito de Antígona a través de los cristales de la época, de la Ocupación Alemana en Francia. Desde su primera puesta en escena se ha vinculado a los personajes de la obra con la Francia de Vichy. El personaje de Creonte se lo relaciona específicamente con el Mariscal Philippe Pétain, acusado de colaborar con el régimen nazi. En el caso de Antígona, se la relaciona con La Résistance y su lucha peligrosa e “inconsciente” por lo que consideraba correcto. Al leer la obra nos damos cuenta que hay una suerte de victimización de Creonte/Pétain y una subvaloración del sacrificio de Antígona/La Resistencia que podemos vincular a la posición política de Anouilh.

La primera Antígona nos pone sobre la mesa la temática del respeto a las leyes sagradas, el sacrificio por nuestros ideales y la mesura de los gobernantes; la segunda trabaja la eterna disyuntiva entre hacer lo que se debe o lo que se cree y la rebeldía ante la injusticia. La obra aparentemente es la misma, pero de una u otra manera ha cambiado su significado, al igual que han cambiado nuestras sociedades y nuestra manera de ver la política, de entendernos como seres humanos. Es importante, para comprendernos como seres evolutivos que notemos estas transformaciones, y revisemos cómo expresamos nuestros valores a través de las distintas épocas que hemos habitado.

Cuando leo con mis estudiantes de II de Bachillerato la Antígona de Jean Anouilh, además del análisis del texto y de la vinculación con la obra de Sófocles, hacemos un ejercicio final: la escritura, grabación y edición de un cortometraje que aterrice en nuestro tiempo el conflicto de Antígona. Y es en ese momento, más que nunca, en el que la reescritura cobra sentido, porque además de ser un instrumento para medir nuestro tiempo y ver nuestra evolución le da la oportunidad a jóvenes de 16 años de asociar cavilaciones filosóficas y literarias a sus circunstancias, ideas que en un ámbito puramente académico e intelectual tal vez no habrían podido percibir.

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