Spotlight: Un Ensayo Sobre El Dolor De Agradar A Dios

El equipo investigativo de Spotlight.

El equipo investigativo de Spotlight.

Cuando eran niños todos ellos creían y, además de tener fe, la fe de los niños –esa que es inocente, ciega, y completa– todos ellos deseaban agradar a Dios. Cuentan estos adultos, a través de diálogos tan bien logrados que nos sitúan en escena, que rezaban todas las noches, que juntaban sus pequeñas manos y pedían con fervor. Y yo, que recorro muchas veces mi infancia y que la guardo como aquel lugar seguro al que puedo volver, intuyo que de niños estos adultos pedían a Dios lo que todos nosotros alguna vez pedimos: que nuestra mamá no se muera nunca, que pasemos de grado, que nuestros amigos lo sean para siempre. Antes de dormir, rezo a rezo, pedíamos ser felices, y rogábamos que nuestras peticiones se cumpliesen.

Veo Spotlight (Tom McCarthy, 2015) y se activa en mí el único método honesto que conozco para acercarme a lo que me conmueve: hacerme preguntas. ¿Cuándo comenzaron estos corazones a rezar para que aquellos sacerdotes dejasen de irrumpir con violencia sobre sus cuerpos? ¿Cuántas veces desearon abandonar ese empaque despojado ahora de toda fe? ¿Qué tan inmensa es su rabia? ¿Qué le queda a una madre católica cuando un sacerdote viola a su hijo?

Si me alejo de mi zona de llanto fácil y abandono mi realidad de madre laica entiendo que Spotlight no habla del dolor ni pretende (aunque lo sea) aparecer como una master class de periodismo. Es más que eso: es un retrato colectivo de nuestros silencios, de las veces que dijimos que un sacerdote pedófilo no representa a la Iglesia y olvidamos que la Iglesia sí se representa a sí misma cuando la máxima sanción que recibe un violador es un traslado de país, un cambio de parroquia. Una nueva oportunidad para desahuciar de ese modo tan horrible a la fe.

Cada vez que me pregunten sobre esta película diré que los espectadores nos enfrentamos a una serie de intertextos que van desde el análisis social hasta el filosófico a través de actuaciones soberbias, pero sobre todo insistiré en que Spotlight nos dice que es urgente pedirle una rendición de cuentas al poder. Pero no al clerical, o al menos no solo a la Iglesia, sino –y por encima de todo– al poder individual que tenemos para legitimar la impunidad. Pero, sobre todo, diré que Spotlight es una película que está hecha para decirnos –pedirnos, casi– que no normalicemos al horror que se ha dibujado sobre esos otros pequeños cuerpos. “If it takes a village to raise a child, it takes a village to abuse one” (Si hace falta un pueblo entero para educar a un niño, hace falta un pueblo entero para abusar de uno”, dice el abogado a cargo de representar a algunas de las víctimas de los curas. El silencio nos hace cómplices. Que no pase otra vez.

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