Crítica: Daredevil, Segunda Temporada

"Dispararle a la gente está mal. Golpearlos está bien."

“Dispararle a la gente está mal. Golpearlos está bien.”

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Este artículo discute la segunda temporada de Daredevil y contiene pequeños spoilers.

La primera temporada de Daredevil me pareció un esfuerzo aceptable: buenas elecciones de actor, a ratos entretenida, y con un severo problema de ritmo. Hubiera funcionado mejor si no se hubiera ceñido a la fórmula televisiva de “trece episodios por temporada” y aprovechado esa libertad para compactar la historia. Acabé aceptando que la primera temporada no sería más que la historia del origen de Daredevil, ya que no es sino hasta el último episodio que vemos a Matt Murdock vestido con una variante del tradicional traje rojo de los cómics.

Los personajes secundarios recurrentes muestran una marcada mejoría con respecto a la temporada anterior. En un show que bien podría resumirse como “Daredevil: Abogado de Día, Vigilante de Noche”, tanto Foggy Nelson como Karen Page son mucho más interesantes en esta temporada, tienen más que hacer y se hacen cargo de la mayor parte de la parte legal de la trama. Los guionistas se empeñan por hacer ver que tanto Foggy como Karen son excepcionales en el mundo de la abogacía y el periodismo, respectivamente, tal vez con tanto entusiasmo que quedan a un paso de decir “el super-poder de Foggy es la abogacía”, pero prefiero eso a reducirlos a satélites de Matt Murdock como en la primera temporada.

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Jon Bernthal es lo mejor de la temporada en su papel de The Punisher. A pesar de que la mayoría del arco del personaje se desarrolla a través de monólogos, consigue infundir al personaje de una humanidad insospechada. Hay una escena en concreto que es un verdadero tour de force actoral, y me sorprendería que Bernthal no se viera recompensado en los Emmys por su esfuerzo. Elodie Yung es otro acierto como Elektra: el episodio que cuenta cómo conoció a Matt Murdock muestra el lado más travieso de Daredevil y ayuda a entender mejor la moral del vigilante. Su química con Matt Murdock es innegable, y a través de ella la serie elimina la seriedad Batmanesca que estaba presente en la primera temporada.

Las escenas de acción están bastante bien conseguidas, si bien acaban siendo un poco repetitivas. Al igual que en la primera temporada hay una escena estelar en el segundo episodio que fija unas expectativas tan altas que el resto de los episodios sufren al compararlos. La violencia en pantalla es excesivamente gráfica: mutilaciones, torturas, e incluso un escopetazo a la cara. La sangre y la violencia no suelen molestarme, pero Daredevil muchas veces cae en lo gratuito, usándola como un recordatorio innecesario de que la serie no es para niños, algo que Jessica Jones (otra producción Marvel/Netflix) consigue a través de sus temas y cómo los trata, y no rodando una escena a través de un agujero en el pecho de un gángster.

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La temática general de la temporada se convierte en héroe vs. antihéroes, con Daredevil y su política de no matar en una esquina y Elektra y The Punisher con su proclividad a rajar y perforar delincuentes en la otra. No es una discusión original, pero más que eso, el equipo de guionistas de Daredevil no tiene la suficiente madurez como para matizar la discusión de manera interesante. En sus manos el debate se reduce a Daredevil queriendo golpear a los malos, Elektra queriendo cortarlos en pedazos, y The Punisher queriendo dispararles. Los diálogos son risibles, las motivaciones de los personajes cambian sin justificación aparente, y nunca queda muy claro por qué The Hand, los villanos de la temporada, hacen lo que hacen: están cavando un túnel en Nueva York para “The Rising”, pero también están interesados en Elektra porque es la personificación de Black Sky. Qué hace Black Sky, no lo sabemos, a pesar de ser la segunda vez que Stick explica que es una especie de arma que acabará con “una guerra” que podría acabar con la ciudad.

Esta confusión a la hora de explicar el conflicto central es el problema principal de la segunda temporada de Daredevil. Una vez que la serie entra en la recta final no consigue generar suficiente tensión como para mantener el interés, e intenta compensarlo con una serie de revelaciones sobre Elektra (¡es el arma que The Hand estaba buscando!), The Punisher (¿por qué esperar, otra vez, hasta el último episodio para darle el traje clásico¿) y Daredevil (su porra retráctil). Afortunadamente, la decepción no llega hasta el último tercio de la temporada, lo cuál marca una mejoría significativa con respecto a la primera temporada, que empezó a flojear desde el principio y cojeó hasta el final. Si bien no consigue superar a Jessica Jones, creo que Netflix va refinando poco a poco la fórmula de Daredevil, convirtiéndola en una serie que creo que vale la pena ver. Lo malo es que les haya tomado veintiséis episodios llegar a ese punto.

Todos los episodios de Daredevil están disponibles en Netflix a partir del 18 de marzo.

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